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Fuente: http://www.periodistadigital.com Dos niñas valencianas a las que se suministró la segunda dosis de este preparado experimentaron efectos adversos, por lo que el Ministerio de Sanidad y Consumo suspendió temporalmente la administración de un lote de la vacuna. La alerta de la Agencia Española del Medicamento del pasado lunes sobre la retirada de un lote defectuoso de la vacuna contra el virus del papiloma humano comercializada con el nombre de Gardasil, evidencia en primer lugar que la vigilancia del Sistema Nacional de Salud ha funcionado perfectamente como en otras muchas ocasiones. Es una práctica habitual En este caso concreto, la alerta surgió en el hospital Clínico Universitario de Valencia, al detectarse una serie de síntomas en dos menores a las que se les había suministrado la segunda dosis de este preparado y que tuvieron que ser ingresadas según informa la revista Época. Inmediatamente se avisó a la Consejería de Sanidad y ésta, a su vez, al Ministerio de Sanidad y Consumo de quien depende la Agencia Española del Medicamento. Habrá que esperar a conocer los resultados de los análisis, a los que han sido sometidas las dos menores, para averiguar por qué se han producido esos efectos adversos: mareo y pérdida de consciencia. El Ministerio de Sanidad y Consumo anunciaba tras la inmovilización de este lote de la vacuna que “las Comunidades autónomas continuarán, con absoluta normalidad, el proceso de vacunación frente al virus del papiloma humano con dosis de otros lotes diferentes al relacionado con los dos casos”. Paralelamente, el laboratorio fabricante de esta vacuna (Sanofi Pasteur MSD) ha iniciado una investigación junto con el Ministerio de Sanidad y Consumo para determinar las causas de esta reacción que ha originado la suspensión temporal de la administración del lote NH52670 de la vacuna, del que se han distribuido en España 75.582 dosis. En este contexto, hay que subrayar que estos dos casos de efectos adversos son los primeros que se producen en España tras la distribución de un total de 1.146.458 dosis de la vacuna, desde su aprobación por el Consejo Interterritorial del Ministerio de Sanidad y Consumo, el 10 de octubre de 2007. Desde el centro sanitario valenciano donde están ingresadas las menores se insiste en que aún es pronto para sacar conclusiones, ya que existe una investigación que arrojará luz sobre el origen de estas convulsiones y érdida de conocimiento. Siete sociedades científicas Dos meses antes de que el pleno de este órgano de la Administración central adoptase el citado acuerdo, a finales de julio, la vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega y el ministro Bernat Soria comparecían ante los medios de comunicación tras el Consejo de Ministros para anunciar que el Gobierno había aprobado esta vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH). Este hecho insólito pasó desapercibido por las vacaciones estivales, pero fue la primera vez que el Gobierno anunciaba la aprobación de un medicamento; en este caso de una vacuna preventiva. Muchos vieron en este anuncio una medida electoralista. Meses antes, siete sociedades científicas responsables de la prevención, diagnóstico y ratamiento del cáncer de cuello de útero (Sociedad Española de Citología, Asociación Española de Pediatría, Sociedad Española de Vacunología, Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, Sociedad Española de Medicina Preventiva, Sociedad Española de Oncología Médica, Asociación de Patología Cervical y Colposcopia), junto con la Asociación Española contra el Cáncer, manifestaron en un documento de consenso que las niñas de entre nueve y catorce años deben ser vacunadas contra el virus VPH. Después se adhirieron a este documento de consenso la Asociación de Microbiología y Salud, la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria y la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia. Un cuarto de millón demuertes al año El virus VPH es responsable del 100% de los tumores de cervix (cáncer de cuello y de útero), que causa la muerte de 250.000 mujeres al año en todo el mundo. Las estadísticas ofrecen también el dato de que, cada año, se registran alrededor de 2.100 casos de cáncer de cervix y 700 fallecimientos. Evidentemente, se trata de un problema de salud de primera magnitud, tanto por su alcance como por la alarma social que despierta el cáncer. Este agente patógeno es también responsable de otros tipos de cáncer, como el de ano, vulva, vagina y, probablemente de pene y orofaringe. Hasta la aparición de la vacuna contra el VPH, la estrategia sanitaria que se llevaba a cabo para prevenir el cáncer de cuello de útero era el cribado, mediante el test de Papanicolau (citología vaginal); única prueba para la detección precoz de lesiones precancerosas que pueden evolucionar a carcinoma invasor de cuello uterino. En concreto, la vacuna Gardasil protege frente a enfermedades causadas por los tipos 6, 11, 16 y 18 del virus del papiloma humano. Estas enfermedades incluyen cáncer de cuello de útero, lesiones precancerosas de los genitales femeninos (incluyendo cuello de útero y vulva) y verrugas genitales. Todavía no se ha evaluado si estos anticuerpos previenen la enfermedad en hombres adultos, pero lo que sí es un hecho es que se trata del primer preparado preventivo contra un cáncer que se comercializa en 38 países. Además, y para subrayar aún más, si cabe, la importancia de una vacuna de estas características, de la que se han distribuido más de 40 millones de dosis en cerca de un centenar de países, en octubre de 2008 se concedió el premio Nobel de Medicina al médico alemán Harald zur Hausen, por el hallazgo de la relación entre el virus del papiloma humano y el cáncer cervical. Este galardón lo compartió con los descubridores del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) que causa el sida: los virólogos franceses Luc Montagnier y Francoise Barré-Sinoussi.
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