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El mapa del territorio erógeno. La textura general que conforma este mapa está dominada en su mayor parte por la piel. Si ésta tiene un aspecto limpio, terso y saludable o, según los gustos, además muy blanca, o morena, o rosada, por sí sólo esto puede producir un impacto de gran sensualidad.
Los órganos genitales externos. Para la mayoría de personas es el área erógena por excelencia. Sin embargo, en este aspecto existe también una importante minoría que no lo vive así. Es donde se concentran la mayoría de terminaciones nerviosas productoras de placer típicamente sexual. Su único estímulo directo a veces basta para proporcionar las suficientes sensaciones eróticas que quizá van a inducir luego al coito. Sin embargo, su estímulo demasiado directo puede también provocar el efecto contrario, de rechazo o extrañeza ante la posibilidad cercana del coito o del clímax, lo que será más cierto aún si además se proyectan complejos u obsesiones sobre estas partes íntimas. Por eso, en la relación sexual y sus prolegómenos, es más que aconsejable dejar su estimulación para el final, tras un recorrido o secuencia que explore antes otras zonas y despierte la adecuada excitación. Dentro de estos órganos, pueden aún diferenciarse áreas especialmente erógenas: • En el hombre, el pene y los testículos, y en especial la zona ventral del pene (opuesta a la dorsal), el frenillo y el escroto, y como zonas más sensibles el glande y su corona. Generalmente se prefiere la estimulación oral sobre otras, y hay actuar con cierta delicadeza, pues tanto testículos como glande son muy sensibles en algunos hombres. • En la mujer, en general, toda la vulva, desde el monte de venus hasta los labios interiores. En especial, la propia obertura vaginal y, dentro de ésta, su primer tercio y su cara anterior, donde también se halla el denominado punto G –no estimulable de igual modo en todas las mujeres-. Respecto a clítoris y labios vulvares –en especial la parte interna de los labios interiores-, las partes más sensibles y con más terminaciones reviosas, se suele preferir también el estímulo oral a otro tipo. El resto del cuerpo. Sí, seguramente habría que decir ‘el resto del cuerpo’ y ya está, pues prácticamente cualquier punto de nuestra piel y órganos externos es susceptible de reaccionar positivamente al contacto y estímulo sexuales directos. O cualquiera de nuestros sentidos -el del olfato, en especial, parece tener conexiones muy directas con nuestro cerebro profundo, y en algunas personas deviene toda una zona erógena-. Y no sólo la piel siente cuando la tocan, sino que también percibe la sutileza de temperaturas, texturas, y vibraciones que disparan toda una amplia gama de sensaciones sexuales. Aunque no seamos conscientes de ello, cuando dos cuerpos se entrecruzan, el olor, el tacto, la compatibilidad de las pieles determinan la atracción o el rechazo más que cualquier otro elemento. Sentir todo esto a la vez es una clara potencialidad, hecha realidad en unas pocas y, quizá, afortunadas personas. Lo habitual, sin embargo, es que lo que resulta placentero para una persona, no lo sea para otra, el mapa erógeno se dibuja no tanto en base a unas zonas más sensibles que otras, sino respecto a diferentes formas de sentir y aproximarse al sexo. Aún así, hay las suficientes coincidencias como para trazar una serie de áreas erógenas comunes. Hay quien las diferencia entre propias de mujeres y propias de hombres. Pero en realidad son más las coincidentes que las diferentes. Zonas comunes a hombres y mujeres:
Vamos a destacar algunas de las más singulares, con breves comentarios añadidos, listadas simplemente recorriendo el cuerpo de arriba abajo, aproximadamente. La forma concreta de estimularlas depende de cada uno: con la mano, dedos, lengua, labios, dientes, succionando, etc. Con simples roces, suavemente, con firmeza, etc. Por supuesto, no todas estas zonas resultan erógenas para todo el mundo. Hay incluso personas que sienten repulsión a recibir estímulo en algunas de ellas. • Cabeza y cuero cabelludo. El masajeo suave o dedicado de la cabeza, o simplemente enredar los dedos en el cabello, conduce generalmente a la relajación o a sentimientos románticos, y puede ser bueno para sacar tensiones en los preliminares, así como para ayudar a distenderse más al final de la relación. Por otro lado, los cabellos pueden recibir a veces fuertes estirones, sentidos en general como muy excitantes durante el pleno acto sexual. De nuevo puede esto tener connotaciones animales o atávicas. • Orejas. En especial el lóbulo, pero también la cavidad del pabellón auricular y la zona dorsal, son muy sensibles en algunas personas –hay quien dice que un poco más en los hombres-, tanto en los preliminares como en pleno acto sexual, y más mediante estimulación oral, p.e. succionando el lóbulo, introduciendo la lengua o mordisqueando suavemente. Si hay pendientes, aros, etc., éstos o su extracción pueden dar también un poco de juego. Lógicamente, también puede recibir estímulo vocal, mediante el susurro de palabras adecuadas. • Ojos y párpados. Un estímulo suave de estos delicados órganos, generalmente en forma de besos sobre los párpados cerrados, contribuye tanto a la relajación como a la sensibilización de otros nervios, lo que tal vez favorece la finura de la percepción de otras sensaciones en general. Naturalmente, los ojos encarnan por sí sólos el sentido de la visión, en sí toda otra zona erógena. Por ejemplo, mirarse fijamente durante el acto sexual puede incrementar la pasión y ayudar a conseguir un orgasmo más intenso.
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