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El encuentro momentáneo con la propia y coherente verdad sexual, que el travestido experimenta al asumir temporalmente la personalidad sexual congruente con su identidad sexual profunda, le produce estados de euforia y gozo que liberan sus energías sexuales con toda naturalidad y le pueden llevar al orgasmo. Cualquier estado de excitación sexual de esa persona cuya identidad sexual aún no se ha vuelto pública y permanente, hace que automáticamente emerja esta identidad sexual fundamental, con lo que sobreviene el deseo irreprimible de expresarse, pero en el estadio de cotidiano enmascaramiento de identidad, lo que ocurre es un refuerzo del acto episódico de travestirse. Esta respuesta sexual y psicológicamente eufórica que algunos psiquiatras denominan "autoginefilia", es por tanto un indicador de la verdadera identidad sexual de la persona, y de en qué grado ha conseguido alinear su forma, apariencia y personalidad con su identidad sexual. En ningún caso la autoginefilia (léase gustarse a sí mismo) puede ser tomada como un síntoma de un desorden mental de género padecido por un varón, sino la señal de que se está en presencia de una mujer psicológica en etapa de reconocimiento absoluto de su identidad sexual verdadera. El travestismo en este caso no es ni un acto sexual, ni una desviación psicosocial del sujeto, sino la manifestación de su genuina personalidad sexual, condicionada y limitada por sus inapropiados genitales y anatomía, y es el vehículo para la recuperación paulatina de su integridad sexual. Conforme la práctica del travestismo le permita llegar a reconocerse plenamente en sus sentimientos de género y emprender finalmente el ajuste de su sexo físico y social, obtendrá la unidad sexual definitiva, la paz de su alma y la erradicación de su hasta entonces latente conflicto transexual. Adaptación de un pequeño ensayo de Gina Alva I. Tomado de su web http://www.geocities.com/WestHollywood/Village/7618/index01.htm
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