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¿Deben llevarse a la práctica?
Es decir a la vida real, no como juego íntimo compartido. No existe ninguna obligación, por supuesto, ni a nivel moral ni por impulso biológico alguno. En último término dependerá de una decisión conjunta, libre, meditada y pactada, de la motivación y autoestima y, quizás, del 'arrojo' de cada persona. Si, como hemos dicho, las fantasías eróticas cumplen una saludable función al mejorar la vivencia de la experiencia erótica, tanto con uno mismo como con la pareja, en principio esta función tiene un potencial suficiente por sí sola, y no requiere ni exige que se traspase la frontera de la ensoñación para llevarlas a la práctica, es más, en muchas ocasiones esto implicaría la pérdida del estatus de 'fantasía' como tal. Puede que esto último no tenga sentido del todo, pues muchas personas habrán traspasado ese umbral y ello les habrá resultado muy placentero, les habrá realizado más como personas y les habrá unido saludablemente a otros semejantes; lo que quiero decir es que una fantasía es ante todo eso, una ideación, que puede dar mucho juego como tal, incluso llevándola al ámbito de compartirla con la pareja. Tomada la decisión de materializar la fantasía, tanto individualmente como en pareja, deberá comprenderse que se va a traspasar el umbral de lo conocido a lo imprevisto y que, por tanto, surgirán situaciones nuevas, quizá desagradables, por lo que se hará bien en visualizarlo previamente, hablarlo si se va a hacer en pareja y, muy importante, convenir con ella formas rápidas -un gesto, una frase en clave- de salir de posibles malestares, embrollos o contratiempos, sobre todo cuando asomen factores emocionales difíciles de controlar -celos, extrañeza, ansiedad, complejos, culpa, vergüenza, etc-. ¿Hay fantasías sexuales peligrosas? Si se intentan llevar a la práctica, automáticamente dejan de ser fantasías. Mientras lo son, y aun si se comparten y se expresan en forma de juego, está muy claro que no son reales y no pueden herir de facto a nadie. Fantasear sobre un tema perverso o incluso ilegal no hace a esa persona más proclive a hacerlo en la vida real, pues ya hemos dicho que las fantasías son reconocidas como algo saludable, no tienen nada que ver con una psicopatía ni entorpecen el normal discernimiento entre lo bueno y lo malo. Al igual que ocurre con muchos sueños, las fantasías eróticas tienen un componente de transgresión/exploración, que tanto las puede hacer excitantes como inquietantes. Por esta última razón, y por desgracia, en el pasado muchas mujeres han renunciado a la masturbación, y en gran medida al sexo, porque estas actividades les reportaban fantasías inusuales, o bien porque han sentido que estaban engañando a sus parejas, especialmente si fantaseaban durante el coito y sobre alguien o algo ajeno. Los peligros que se asocian con las fantasías eróticas son por tanto exagerados o sobredimensionados. Suelen tener que ver con dudas sobre la propia orientación sexual, sobre la fidelidad propia o de la pareja, o sobre la capacidad de mantener el 'control'. Están por ejemplo las fantasías de sexo homosexual, que no hay que interpretar necesariamente como un claro indicio de esta orientación sexual, sino como un símbolo de esa necesidad de transgresión/exploración y, si uno se siente capacitado para interpretarlo, es probable que lo que necesite transgredir en su vida sea algo que corresponda a otro orden de cosas. También puede existir el miedo o la vergüenza 'anticipada' de que otras personas adivinen lo inadecuado de nuestras fantasías o las malinterpreten. O el miedo a que se lleven a la práctica, y sus derivados, como miedo a perder a la pareja con ello, porque se fascine con otra persona. Todo esto se puede resumir como un temor a perder el control -¿pero llegamos a controlar realmente algo en nuestras vidas conscientes?-, o temor a que se tambaleen los valores sobre los que edificamos, mostramos y 'controlamos' nuestra personalidad y nuestro entorno social.
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