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Sexo con Animales. Es también un tema tabú en muchas culturas, aunque no es universal. Los hombres fantasean con una amplia variedad de animales superiores, mientras que las mujeres parecen ceñirse al sexo con animales domésticos concretos, usualmente perros y caballos, o probablemente animales a los que pudieron haber estado expuestas de niñas. Esta fantasía puede ser el resultado de haber visto a esos animales relacionándose sexualmente, o de haber actuado un animal sexualmente hacia esa persona, y haberlo juzgado sexualmente estimulante. El simbolismo es aquí de nuevo la transgresión de las normas sociales, pero también el deseo de dar rienda suelta a instintos que se sienten quizá poco normales o demasiado 'salvajes'. Fantasías eróticas más propias de las mujeres.
Chicas Malas. Es una variante del tema 'Mostrarse/Exhibirse Sexualmente Deseable'. La educación y el entorno llevan todavía a muchas mujeres a tener que mostrarse como 'chicas buenas', pues creen que de ellas se espera que encarnen una serie de valores que, en síntesis, corresponderían a los de una futura madre responsable. Las 'chicas malas' serían entonces aquellas que está reconocido que tienen sexo, en especial sexo obsceno y atrevido. Buscando transgredir ese corsé moral, es lógico que las mujeres que representan el rol de 'chicas buenas' en la vida real, gusten de imaginarse ser descaradamente sexuales. Así, pueden fantasear que son una prostituta, una stripper, o cualquier mujer que se 'requiera' que sea sexual como parte de su identidad, incluso delante de hombres 'muy motivados' -y quizá también de mujeres-. Encuentros Románticos. Quizá sea en el fondo una variante edulcorada del tema 'Entrega del Control/Sumisión', ya que resalta valores como la pasividad. De nuevo la educación y el entorno moral/social lleva a gran cantidad de mujeres a fantasear con ser seducidas y llevadas 'de aquí para allá' o a lugares exóticos, o recibir atenciones, probablemente lujosas, siempre según los parámetros de cierta elegancia, buen gusto, etc. Estas fantasías pueden no incluir ningún intercambio sexual explícito, coital, oral, manual o corporal, pero sin embargo resultan ser sexualmente excitantes. Todavía existen editoriales que se lucran dedicándose a publicar novelas románticas, las cuales suelen incluir escenas casi sexuales y que, obviamente, hallan en mujeres como éstas a su público lector. Para ellas, estas novelitas vendrían a ser lo que las revistas eróticas son para los hombres, estimulación sexual. Esta modalidad de fantasía, al estar poco provista de sexo, se intuye un reflejo de personalidades muy motivadas hacia los valores que representa, por lo que es probable que muchas mujeres de hecho diariamente estén intentando o esperando llevarlas a la práctica. En este sentido puede considerarse un tanto peligrosa, al no distinguir muchas de estas mujeres la ensoñación de la realidad. Y peligrosa también al simbolizar una reafirmación de valores machistas y patriarcales. ¿Deben ser compartidas las fantasías sexuales? Y es que, cuando se intuye que resultará divertido, satisfactorio y enriquecedor, éste es un paso que puede entrañar muchas dudas cuando se desea darlo. Claro está que tampoco hay ninguna obligación de hacerlo, y hay personas que prefieren quedárselas para sí mismas, quizá como refuerzo de una necesaria y última intimidad. Pero, ciertamente, cuando la pareja sabe de nuestras fantasías sexuales, ello puede despertarle el que nos vea más -o de nuevo, si la 'química' se había apagado- como un objeto de deseo, y también a sí misma. En este sentido la fantasía erótica constituye una herramienta poderosa. La curiosidad y el 'morbo', bastante inherentes a la mayoría de seres humanos, serán los elementos que engancharán con un probable enriquecimiento de la relación sexual en la pareja. Dar el paso de compartirlas implica muchas veces superar un sentimiento de vergüenza, porque la pareja pueda pensar 'qué cosas tan extrañas o enfermizas se te ocurren'. Tras superarlo y narrarla -es de esperar que gracias a la alta complicidad y confianza entre ambos-, es probable que posteriormente se haga algún intento por expresarla en común. Esto no significa llevarla a la práctica en la vida real, sino incluirla como argumento en un juego inventado entre ambas personas, con lo que no pierde su contenido simbólico, lúdico e íntimo. También tras esto se dan a veces problemas; por ejemplo, un hombre puede pedirle a su pareja que interprete el papel de otra persona, por ejemplo una prostituta, con el que puede sentirse incómoda, o incluso llegar a pensar que él preferiría a una pareja con estas características. Esto no es un peligro real, sino tan sólo un reflejo de la escasa confianza entre ambos, lo que podría igualmente plasmarse en otras situaciones diferentes.
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