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2.- El criterio para el tiempo máximo de 'aguante' se refiere a la penetración, es decir que cabe preguntarse cómo afecta el problema a la pareja sexual, y si ésta podría tener también parte de responsabilidad.
¿Por qué tomar como criterio el tiempo o duración de la eyaculación con respecto al momento de la penetración? Por una razón bien sencilla: para intentar zanjar la polémica o discusión que este trastorno ya plantea desde su misma definición. Esta duración se establece, según lo diga cada experto, entre 30 segundos y 4 minutos, o bien se mide por un determinado número de movimientos o bombeos coitales, siempre, claro, antes de que la mujer haya conseguido una excitación suficiente para conducirla al orgasmo. Está claro que el criterio para este tiempo se basa, a su vez, en la satisfacción de la mujer, en el tiempo de penetración coital a partir del cual la mujer empezaría a sentir un placer que podría conducirla al orgasmo; como es sabido, en general el tiempo que ésta necesita para llegar al clímax es mayor que en el hombre, por lo que podemos establecer la siguiente conclusión: cuando se eyacula 'con una mínima estimulación sexual' o 'antes del momento deseado', esto significa en realidad que no se ha 'aguantado' el tiempo necesario para que la pareja experimente su parte de satisfacción sexual. Una prueba más de que éste es el verdadero criterio está en que Masters y Johnson consideran que si la mujer es totalmente anorgásmica, la definición de eyaculación precoz no se puede aplicar. Otros criterios polémicos subyacen aquí: se toman como referentes sólo el sexo coital y el orgasmo vaginal de la mujer, olvidando tanto otras prácticas sexuales como el hecho significativo de que la mayoría de mujeres consiguen mejores orgasmos por estimulación clitorial. El hecho es que la pareja, y hablamos en especial de la mujer, está fuertemente implicada en el problema. Ahora bien, si es tan grande el componente de obsesión del hombre con respecto a la sexualidad de la pareja, entonces, vista la magnitud porcentual del trastorno ¿por qué se tiene la impresión de que son pocas las parejas de hombres aquejados de este trastorno que consiguen ayudarle de verdad a superar su problema?, dando por sentado, claro, que muchas mujeres tendrán su sensibilidad para percibirlo y su habilidad y confianza para intentar tranquilizar y ayudar. Hablamos de grandes masas de población, por lo que quizá deberíamos ampliar el punto de vista, para abarcar un tema como la tendencia actual hacia la plena igualdad entre géneros, muy saludable por otra parte, y que quizá está detrás de todo esto. 3.- Ya hemos visto que el problema afecta a los hombres y a sus parejas, pero… ¿tiene que ver esto de algún modo con la emancipación del género femenino, enmarcada ésta en el actual contexto cultural? Si como parece (sigue la ola de maltratos y asesinatos de mujeres por parte de sus parejas o ex parejas), muchas actitudes y conductas machistas se resisten a desaparecer ante el empuje de la emancipación e igualitarización de la mujer, cabría esperar actitudes diferentes y visibles en muchos hombres, por ejemplo y aunque suene descabellado, que culparan sistemáticamente a la mujer de no tener un orgasmo al poco de iniciarse el coito. Si nada de esto ocurre, puede tener una explicación: la emancipación femenina está hoy basada fundamentalmente en la libertad sexual de la mujer, siendo esta libertad sexual una de las primeras, fundacionales e irrenunciables conquistas en su lucha por derrotar o igualar la supremacía de los valores masculinos y patriarcales. Una conquista que defiende con más fuerza que otras, por ser quizá uno de los escasos ámbitos donde puede sentirse superior al hombre, y ahí tenemos por ejemplo la impactante constatación, gracias una vez más a los estudios de Masters y Johnson, de la capacidad multiorgásmica y la casi ausencia de periodo refractario (tiempo de recuperación entre orgasmos) en la mujer. Esta conquista es actualmente defendida con cierto exceso de celo o incluso de agresividad, debido quizá a que ahora mismo la mujer se halla inmersa en resolver una importante y conflictiva paradoja: intentar conciliar su nueva libertad y dignidad sexuales con el derecho a seguir mostrándose como un objeto de deseo. Es probable que la tensión en esta indefinición influya en lo que acabamos de observar, es decir que la mujer no esté siendo del todo receptiva o equitativa en la comprensión de ciertos problemas sexuales del género masculino.
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