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Las últimas teorías… ¿o la última moda médica?
En estos últimos tiempos aparecen teorías urológicas que apuntan a que la mayoría de causas de la eyaculación precoz podrían ser orgánicas, en el sentido de una leve y quizás pasajera disfunción neurológica o estado irritativo del centro cerebral que gobierna la eyaculación, y que la neurofisiología aún no habría ubicado. Hay que estar atentos a posibles hallazgos importantes en esta línea, pero por ahora se puede sospechar que esto se enmarca en la actual 'moda' científica de hacer encajar la mayoría de fenómenos fisiológicos y psicológicos en el correlato de una causa genética u orgánica, una moda que obedece a la exagerada esperanza depositada en descubrimientos como el desciframiento del código genético, la importancia de las células madre, etc. Siguiendo con la praxis: un poco más de autoestima, por favor
Volviendo a la realidad y pragmaticidad de las consultas médicas y de psicoterapia, el hecho es que se sigue poniendo el énfasis en los factores psicológicos, pues como se mencionó anteriormente los eyaculadores precoces suelen ser en su mayoría individuos ansiosos generales, víctimas de sentimientos, emociones y situaciones negativas (inseguridad, baja autoimagen genital o sexual, premonición de fracaso, síndrome de desempeño, baja motivación, temor a causar embarazo o daño, rechazo inconsciente hacia la mujer, etc.). Si uno es una persona ansiosa que todo lo hace deprisa, es probable que los nervios que irrigan el glande y el pene estén más sensibles, por lo que debería tal vez plantearse cambios en su estilo de vida. Sobre lo de la autoestima, teniendo en cuenta los factores antes analizados, hay que decir que la eyaculación tiene mucho que ver con la satisfacción propia por el placer que se proporciona a la pareja, y de hecho con la satisfacción que el entorno sociocultural le hace creer al individuo que puede permitirse; valorarse a sí mismo como hombre y como amante capaz tiene, pues, su importancia. Esto incluye, al tener un orgasmo precoz, saber quitarle presión al asunto, por ejemplo riéndose abiertamente de la situación, demostrando con ello, a uno mismo y a la pareja, que se dispone de otros recursos para proporcionar placer, o bien que se ha comprendido que el sexo no es el único campo de satisfacciones en la relación de pareja. No se puede aquí esbozar la receta ideal para desarrollar un buen nivel de autoestima, pero parece claro que la adquisición de este nivel es necesario hoy día para situarse por encima de las presiones culturales del entorno, es decir para no caer en la trampa ansiógena de creer que uno debe rendir de tal o cual manera en el ámbito sexual. Lógicamente, esto puede aplicarse también a otras disfunciones sexuales no comentadas aquí. Algunas reflexiones. Lo explícito y lo implícito
Como se apuntó al principio, cualquier intento de definición de este trastorno resulta polémico, y cuanto más completa se pretende la definición, más discusión genera entre los expertos. En los puntos siguientes se expresan algunas reflexiones que ayudarán a comprender el porqué. 1.- Qué sentido tiene eso de controlar la eyaculación, la excitación o el placer, cuando parece que hablamos de un simple 'reflejo', y cuando parece que nos referimos al ámbito del goce o la desinhibición por excelencia. Si la eyaculación es un 'reflejo', mediado por tanto por mecanismos electro-fisico-químicos que tienen lugar al nivel del cerebro y del sistema nervioso central, no parece que pueda regularse conscientemente de forma sencilla. Tenemos también el hecho de que el hombre que no controla el momento de su eyaculación puede tener erecciones y orgasmos sin problemas. Ahí surgen varias preguntas importantes. ¿Es esa no-necesidad de control consciente algo normal o natural? Estamos tentados a contestar que sí, si miramos a la sexualidad femenina y a los datos fisiológicos y psicobiológicos. Entonces ¿necesariamente tiene que percibir el hombre ese no-control, quizá natural, de su eyaculación como una disfunción? También estamos tentados a responder que sí, aunque suene paradójico, pero esta vez lo hacemos muy influidos por nuestro contexto cultural. Ahora la cuestión es resolver la paradoja. Debemos retrotraernos a un punto de vista más amplio, para reconsiderar los conceptos 'normal', 'natural', 'disfunción', etc. Si vemos al ser humano estrictamente como una especie evolucionada de primate, lo natural es que la eyaculación en el hombre ocurra a los pocos segundos o minutos de iniciarse el coito. No hay, por tanto, disfunción alguna en ello. Si, por el contrario, lo vemos como un ente más cultural que natural, la cosa cambia radicalmente. Más preguntas: cualquier tipo de control activo sobre el propio organismo ¿es coherente con la noción de erotismo, desinhibición, creatividad, sexualidad libremente expresada, unión de los cuerpos y las almas, etc.? Y vayamos un poco más allá: partiendo de la idea de la codiciada igualdad de sexos, ¿existe un equivalente de autocontrol físico en la mujer, afronta ésta la relación sexual ejerciendo algún tipo de control ansioso sobre una parte de su propio cuerpo? Están los métodos anticonceptivos, que por cierto puede emplear también el hombre, pero se diría que actúan de forma pasiva y con una mínima intervención de la voluntad consciente.
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