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Propuestas de soluciones prácticas
Ya se ha visto que no existen píldoras, brebajes, ungüentos o tratamientos directos para resolver este problema. Algunos psicofármacos, en general ciertos antidepresivos, tomados desde unos días atrás tienen como efecto secundario un retardo del reflejo eyaculatorio, y aunque en principio no tiene sentido su uso cuando no se padece depresión (pues además pueden afectar al resto de la respuesta sexual), parece que algunos especialistas recetan un combinado de ellos en dosis pequeñas como coadyuvante en la terapia para este trastorno; los ansiolíticos pueden ser también de cierta utilidad, pero no porque incidan sobre la eyaculación en sí, sino porque actúan directamente sobre los centros que regulan la ansiedad en individuos especialmente ansiosos. Los productos que contienen algún anestésico son desaconsejables, pues impiden el verdadero proceso de aprendizaje de las fases excitatorias (el núcleo de una buena terapia), y restan placer a uno mismo y a la pareja (el anestésico impregnará también sus genitales). El uso de dos preservativos a la vez, con la idea de restar sensibilidad, es altamente desaconsejable ya que aumenta el riesgo de rotura de éstos al friccionar entre ellos. Cuando el trastorno, debido al progresivo aumento de la ansiedad que conlleva, ha evolucionado hacia una disfunción eréctil, deberá buscarse en primer lugar la solución para este problema, y tratar el trastorno eyaculatorio con posterioridad una vez recuperada la potencia sexual. Algunos aspectos importantes: A.- Lo que pasa en la propia mente, y la necesidad de comunicarse con la pareja. Un primer consejo es intentar quitarse de la mente la idea, o el anhelo de las sensaciones de la penetración, o la visión de ésta como 'el objetivo' en sí, y tras ello intentar prolongar los preliminares. Apartar también de la mente la exigencia de tener que rendir o demostrar o alcanzar algo en lo sexual; ahí la pareja puede ayudar conversando sobre esta falsa preocupación. Aprender también a ser más expresivo, tanto en lo emocional como en lo que a uno le gusta en el sexo y la pareja no siempre puede adivinar. Examinar, hablándolo con ella, los posibles temores propios, como que se rompa la relación, que se pueda causar un daño o dejar embarazada a la pareja (una buena ocasión para revisar si se está usando un buen método anticonceptivo), etc. B.- Cuando se tiende a evitar la relación sexual. Es un problema común en muchos hombres que padecen eyaculación precoz. Cuando el hombre se percata del problema, comienza a eludir la relación sexual, espaciando las relaciones sexuales, cada quince días o más tiempo. Y eso es exactamente lo contrario de lo que se debería hacer. Es conveniente que el líquido espermático intracorporal mantenga un nivel bajo en cantidad y no 'presione' demasiado dentro de los conductos, pues ello favorecería la necesidad imperiosa, bajo estímulo sexual mínimo, de evacuar el exceso. Constituye entonces una ayuda, que no una solución definitiva, eyacular con cierta frecuencia, pero es imposible determinar la periodicidad más adecuada para cada individuo. C.- Recursos y trucos durante la relación sexual. No se debe permitir que todo se centre demasiado en la penetración, o que con el orgasmo o la eyaculación acabe todo; el sexo puede reconvertirse en sensualidad y viceversa. La pareja puede tener también un orgasmo por otra vía, como el sexo or.al, ya sea antes o después del coito o del orgasmo propio. También se puede tener el propio, bien en el juego previo (sólo si uno sabe que poco después recuperará una buena erección), bien con anterioridad a la sesión amorosa (masturbándose), y aunque esto último no resuelve a la larga el problema, puede ayudar puntualmente a que la excitación no suba de forma abrupta en la penetración. Si la pareja tiende a moverse mucho en el coito, se le puede pedir que retarde su ritmo o permanezca más pasiva, sin contraer los músculos vaginales ni mover mucho la pelvis, sin gemir demasiado ni arañarle a uno la espalda o cosas por el estilo, al menos durante un tiempo. La intensidad o la pasión pueden lograrse aprendiendo a mirarse a los ojos mientras se hace el amor, de este modo se facilita una agradable sincronización no sólo de ritmo y de respiración, sino también afectiva o espiritual. Una respiración profunda y pausada, tanto antes como durante el acto sexual, facilitará el aguante y dará más calidad a la percepción de las propias sensaciones. En los momentos 'apurados' ayudará a bajar la excitación si, tras la expiración (sacar el aire), se mantiene unos segundos los pulmones vacíos sin iniciar todavía la inspiración (entrada de aire), la cual posteriormente no tiene que ser demasiado amplia. Hacer pausas antes de los momentos de 'apuro' puede ayudar mucho, especialmente si se combina con expiraciones de aire como la descrita, así como aprender a jugar con el ritmo y la calidad de los movimientos, alternando los profundos con los poco profundos.
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