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LA POLÉMICA: UNA INTERPRETACIÓN
Existe toda una polémica generada, desde hace años, en torno a la importancia del Punto G. En realidad, quizá la polémica subyacente es otra, es decir la de las implicaciones referidas a la importancia del sexo vaginal respecto al sexo clitorial, lo que a su vez nos retrotrae a otra polémica aún más antigua, como es la de la visión masculina o patriarcal de la sexualidad frente a la visión femenina o feminista de la misma. Tanto desde el feminismo como desde el patriarcalismo se ha intentado defender la postura más conveniente para cada bando, en el primer caso la defensa del valor del sexo clitorial como puerta de entrada al reconocimiento del disfrute de la propia sexualidad en la mujer, una sexualidad además quizá superior cuantitativa y cualitativamente a la del hombre; y en el segundo caso la defensa a ultranza del coito vaginal, cuyo disfrute mútuo ideal representaría en el fondo la persistencia de un modelo de roles en que el hombre seguiría dominando a la mujer en todos los ámbitos en que todavía le fuera posible. Ambas posturas se han intentado justificar con toda la fuerza de los argumentos que se han tenido a mano en cada momento, con especial recurso a los descubrimientos que la ciencia ha ido realizando, y que pese a su clara parcialidad han sido magnificados o tomados tal cual, es decir todavía no del todo contextualizados. Tenemos, por ejemplo, al propio Sigmund Freud, fundador de la Teoría Psicoanalítica, quien consideraba que la verdadera madurez sexual de la mujer iba aparejada con la capacidad de gozar y llegar al clímax con el sexo vaginal; o las teorías de la incipiente ciencia sexológica, que propugnaba cosas como el perfecto ajuste o acoplamiento en el coito, o la necesidad de buscar el orgasmo simultáneo como signos inequívocos de plena satisfacción y unión emocional. Tenemos, por otro lado, desde el feminismo el recurso a datos estadísticos sacados de algunos estudios, como que ocho de cada diez mujeres no experimentan el orgasmo como resultado de la estimulación vaginal sola (o que esto es prácticamente imposible, según Masters y Johnson), o a descubrimientos de la ciencia (algunos aún no del todo explicados o completados), por ejemplo que la vagina prácticamente carece de terminaciones nerviosas, que cuando hay placer en la penetración en realidad lo que se estimula es la raíz del clítoris, o que pese al descubrimineto del Punto G en casi ninguna postura el pene consigue estimular este punto de forma eficaz. La polémica tiene relación, pues, con el descubrimiento o el afloramiento, en los últimos tiempos, de un hecho que viene a señalar las grandes diferencias entre la sexualidad genital de la mujer y la del hombre, y las desventajas que ello supone para ésta: durante el coito vaginal el pene del varón es estimulado directa e intensamente por las paredes de la vagina de su compañera, lo que suele conducirle al orgasmo y a la eyaculación de forma rápida y satisfactoria, mientras que la vagina de la mujer se muestra en general poco sensible a la estimulación sexual directa; la mayoría de terminaciones nerviosas en la mujer se concentran en el clítoris, y unas pocas en la entrada vaginal, pero el clítoris es estimulado (cuando llega a recibir algún estímulo) sólo de forma indirecta y parcial durante el coito vaginal sin otro estímulo adicional. La rapidez con la que el hombre suele conseguir su orgasmo coital, en general algunos o bastantes minutos antes de que la mujer llegue a una fase cercana al orgasmo, es otro poderoso factor que influye en el nivel tan bajo de satisfacción sexual de la mujer durante el coito. Por otra parte, según algunos expertos, la casi ausencia de terminaciones nerviosas en la vagina se explica porque éste es el canal que deberá ser usado por el feto durante el parto, por lo que la biología lo habría diseñado así para evitar demasiada sensibilidad, o la posibilidad de un dolor excesivo, en el momento del nacimiento. Todo esto parece constatar, pues, las importantes diferencias entre la sexualidad del hombre y la de la mujer, a un nivel psicofisiológico. Diferencias que pueden trasladarse a otros niveles, en términos de ventajas y desventajas para uno y otro sexo, o en términos de una importante desigualdad en cuanto a la vivencia gozosa de la propia sexualidad según cada género. Todo lo cual ha llevado a que la reivindicación de la sexualidad de la mujer comporte, pues, al menos hoy por hoy, principalmente la reivindicación del papel clave del clítoris en la vivencia plena y satisfactoria de esta sexualidad. La vagina, quizá ahora a la luz de los nuevos descubrimientos sexológicos más directamente implicada en la satisfacción sexual del varón que en la de la propia mujer, parece haber quedado relegada a un segundo plano en medio de esta lucha reivindicativa femenina. Siendo ahora algo especulativos, podríamos preguntarnos por qué de repente, y justo en un momento cumbre de esta lucha emancipatoria femenina, se hace desracar el descubrimiento de un punto en la vagina que, parecería, a partir de entonces hay que aprender a encontrar y hay que aprender a estimular (y se ha instalado una fuerte presión cultural en este sentido), quizá para así llegar a ser el hombre mejor amante, pero quizá también para ser la mujer más femenina, más realizada con su propia sexualidad. El 'descubrimiento' (y aquí resaltamos las comillas) del Punto G, y seguimos especulando, podría entonces llegar a verse como un intento de reconducir de nuevo la sexualidad de la mujer hacia la genitalidad estricta de la vagina.
¿Un episodio más de la eterna lucha de sexos? ¿O un claro ejemplo de sobreanálisis por parte de quien esto escribe? Quién sabe…
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