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¿De verdad la mujer tiene menos deseo? Hasta ahora, los datos ilustran que el trastorno de deseo inhibido afecta un poco más a las mujeres. Ya hemos mencionado que esto puede tener sus razones, tanto psico-culturales como fisiológicas. Pero respecto a la mujer en sí, en general y dejando de lado el grado de afectación por el trastorno, ¿es cierto que el deseo sexual que experimenta a lo largo de su vida es inferior al del hombre? Pues bien, esto es una falsa idea que no hace más que distorsionar el problema, el creer que la mujer pueda tener en general un bajo nivel de deseo sexual en comparación con el del hombre. El descubrimiento científico de que la hormona testosterona estaba muy implicada en la aparición del deseo, y la falsa creencia de que esta hormona era genuinamente masculina, ha reforzado por un tiempo el tópico. Pero el hecho es que ni la libido ni la testosterona establecen grandes diferencias entre géneros. Es difícil precisar cuál de ambos géneros experimenta realmente mayor tensión sexual, y hasta qué punto no lo distorsiona la educación recibida, pero lo que sí queda claro, tras una serie de estudios científicos, es que en general la mujer desarrolla también deseos sexuales autónomos (sin mediación del hombre), espontáneos y frecuentes, y que aumentan a lo largo de su vida. Hay estudios que afirman que dos de cada tres mujeres, mayores de cuarenta años, reconocen experimentar con frecuencia excitación sexual espontánea sin mediar requerimientos masculinos; que en algo más de la mitad de esas mujeres, tales deseos sexuales espontáneos son diarios o casi diarios; y que una de cada cinco los experimenta varias veces en el mismo día. Este potencial sexual parece mantenerse igual a lo largo de la vida de al menos un tercio de las mujeres, y se va incrementando en casi la mitad de ellas. Es decir que casi cuatro de cada cinco mujeres mantienen, o incrementan, sus niveles de tensión sexual espontáneos a lo largo de toda su vida. También se sabe que algo más de la mitad, admiten tener ganas espontáneas de mantener relaciones sexuales a diario o casi a diario -las lleven a cabo o no-. Otro 40% admite desearlo entre una y tres veces a la semana. Finalmente, hay estudios que apuntan a que el deseo de la mujer adulta gana en intensidad al del hombre adulto. Hay razones para sospechar que estos datos están por debajo de la realidad, dada la vergüenza a admitir hechos como estos por parte de algunas mujeres. Pero por la dirección en la que apuntan, puede asegurarse que los deseos sexuales son algo frecuente y normal en la mayoría de ellas. La creencia o saber popular les otorga a los hombres cierta ventaja: se dice que tienen más pensamientos eróticos durante el día, a menudo por pequeños desencadenantes visuales, mientras que el pensamiento de las mujeres estaría más ocupado en diversos quehaceres (compras, actividades domésticas, planificación del trabajo) o afectividades (cuidado de los niños, mantenimiento del círculo de amistades, atenciones y tiempo con la pareja, etc.). Pero estos datos están aún por comprobar. En todo caso esta supuesta diferencia no sería tanto biológica como cultural: todavía hay mucha desigualdad de género e hipocresía moral, se siguen asignando roles sexuales distintos a mujeres y a hombres, y aún no se asume la sexualidad y la genitalidad como algo totalmente natural, espontáneo y placentero. No es por tanto una cuestión que afecte sólo a mujeres: está aumentando en los consultorios la referencia a problemas relacionados con la inapetencia masculina y la falta de información de muchos hombres acerca de la sexualidad femenina, aumentando también las quejas femeninas acerca de la desgana sexual de sus parejas masculinas. Quizá el aumento de la iniciativa de las mujeres en las relaciones sexuales, dada la expansión de la emancipación femenina, lo está haciendo aflorar. Parcheando… Algunos intentos de remedios inmediatos. La Medicina está buscando soluciones efectivas a este problema. Las terapias hormonales, principalmente a base de testosterona -para ambos sexos-, por ejemplo en forma de parche, pueden funcionar pero sólo en las pocas ocasiones en que hay un déficit de esta sustancia en el organismo, y su uso prolongado conlleva efectos secundarios aún no contrarrestados, como exceso de vello facial, irritación en la zona de aplicación, o agresividad. Respecto a la popular Viagra (sildenafilo), es sabido que este medicamento no ayuda a experimentar deseo sexual, sino que funciona justo al revés, es necesario que el deseo exista, y lo que hace entonces es potenciar las fases posteriores de excitación y orgasmo, favoreciendo la congestión sanguínea. Ya hemos mencionado la susceptibilidad del trastorno de deseo inhibido a los experimentos con placebo. Por este motivo no está del todo clara la eficacia de medicaciones como el antidepresivo clorhidrato de Bupropion, al que se atribuye un relativo éxito en el tratamiento del trastorno en mujeres, debido a que actúa sobre ciertos neurotransmisores cerebrales como la norepinefrina y la dopamina, y que parece haber dado cierto resultado tratando el trastorno en mujeres. Todos los demás intentos por hallar o elaborar una sustancia que potencie el deseo sexual, son dudosos, constituyen probables efectos placebo, y no han sido todavía debidamente investigados. Es el caso de un sexólogo israelí, que afirma haber descubierto una mezcla de sustancias naturales que incrementan el deseo sexual media hora después de consumirse, mezcla a la que denomia 'Shiagra'. O el de una doctora que trabaja con la Feniletilamina, incorporándola en altas dosis dentro de barras de chocolate, afirmando al parecer que esa sustancia ayudaría a desencadenar el orgasmo.
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