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Soy una mujer de 32 años y a raiz de tener mi hijo de 21 meses, pues no tengo ganas ninguna de hacer el amor. Esto me hace sentir muy mal con mi marido y estamos superando una crisis. Cuando los hacemos parece que me esta violando porque me duele y me molesta, no tengo ganas ninguna. Yo amo a mi marido pero no se porque sueño que lo hago con otros hombres. Si no me interesa el sexo ¿que me pasa? , ¿es normal?
Pregunta enviada por Estella Lo que os ocurre es relativamente normal. Tras el parto, o incluso antes durante el embarazo, la posibilidad de la llegada de una nueva “personita” a la família se hace muy patente. Ello supone una serie de cambios extraordinarios en ambos miembros de la pareja, y en ésta misma como tal: pues de repente parecería que ya no va a ser sólo una “pareja”, toda la carga de intimidad y de exclusividad que se depositó en ella parece que ahora se tambalea, sin uno proponérselo. Por supuesto, la mayoría de estos replanteamientos, casi “amenazas”, a nivel consciente o inconsciente, parece sufrirlos más el hombre, o parece que es a él a quien le cuesta mucho más elaborarlos positivamente. La mujer a menudo tendrá bastante con toda la serie de grandes cambios, empezando por los que ha experimentado y seguirá experimentando su cuerpo, más los que corresponden al nuevo rol de madre que tendrá que ir sacando de dentro de forma medio intuitiva medio educacional; por supuesto los cambios y desconciertos en la forma de vivir la relación de pareja también pueden afectarle a ella.
Resumiendo, muchos hombres atraviesan una etapa de desconcierto ante la llegada del nuevo ser, ante el descubrimiento de que las circunstancias ahora les obligan a cambiar y adaptarse a nuevos roles e intentar hacerlos compatibles entre sí, y sienten que no están preparados para ello: marido, amante, amigo, cómplice, consejero y... padre. Desbordamiento, sentimiento de contrariedad, a veces hasta celos, o imposibilidad de asumir las nuevas responsabilidades y conciliarlas con la esperada fluidez de una pareja normal. Quizá también te ocurre a ti. O quizá tú crees llevarlo mejor (tu propia biología, sin embargo, te está ayudando en el buen desempeño de tu nuevo rol), tras lo cual observas el desconcierto de tu pareja y te desencantas de él.
Consejo: lo primero, comprender que puede estar ocurriendo algo de lo que acabo de describir; segundo, si te quedan energías tras el desempeño de tus tareas diarias como madre, haríais bien en hablar del asunto y consolaros un poco mútuamente, como buenos amigos que se supone habréis sido siempre. Habladlo: es quizá una época para cultivar aún más vuestra amistad y comprensión, habrá mucha necesidad de ello. “Te entiendo” es una frase que ahora debería pronunciarse a menudo, por ambas partes. Éste puede ser un camino para, posteriormente, hacer que reaparezca el “misterio”, la admiración, o como quieras llamarle a aquello que estaba en el meollo de la “química” de la pareja.
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